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¿Cuánto aguanta este ciclo antes de dar pérdida?

Veinte por ciento de holgura suena cómodo hasta que precio y cosecha caen el mismo año: ahí la holgura queda en cerca de la mitad, y un año malo común puede consumirla entera.

Publicado el Actualizado el 19 min
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Antes de que empiece el ciclo, calcule tres números: cuánto puede caer el precio, cuánto puede caer la cosecha y cuánto pueden caer los dos el mismo año antes de que el ciclo deje de cubrir sus costos. Cada una de esas distancias es la holgura del ciclo. En un ciclo que espera 900.000 de ingreso, en la moneda en que usted lleve sus cuentas, y cuesta 720.000, el precio puede caer 20%, la cosecha 23,1%, y los dos juntos solo 11,4%. La holgura combinada queda cerca de la mitad de las otras dos, y es el primer número para anotar. La calculadora de resiliencia ante choques hace las tres cuentas.

Cálculo de Rurivia a partir del ingreso y el costo esperados de un campo de ejemplo, corridos por la calculadora de resiliencia ante choques.

Después, compare esa holgura con cuánto suelen variar el precio y la cosecha de ese campo de un año a otro. En el ejemplo, ocho años de registros dan una variación típica, cuánto se aleja un año normal del promedio, de 17,4% en el precio y de 8,9% en el rendimiento. El índice de resiliencia pregunta qué fracción de esas dos variaciones, llegando el mismo año, aguanta el ciclo antes de que se acabe la ganancia. Acá la respuesta es 0,84, menos de una: el precio 14,6% abajo (0,84 de 17,4) y la cosecha 7,5% abajo (0,84 de 8,9) al mismo tiempo se llevan el margen entero, y cada una de esas caídas es menor que una variación típica.

Muchos campos se planifican al revés. Una caída de precio parece un problema de mercado y una seca, un problema de clima, así que cada una recibe su propia protección, y muchas veces una de las dos queda sin ninguna. El año que duele es el que trae las dos juntas.

¿Por qué la holgura de cosecha es mayor que la de precio?

Porque cosechar menos también cuesta menos, y vender más barato no.

Cuando el precio cae, el ingreso cae y los costos quedan donde estaban. Una mala pizarra en la cosecha no cambia lo que ya costaron la semilla, el fertilizante y el gasoil. Por eso la holgura de precio es la cuenta más simple: divida la ganancia por el ingreso. En el ejemplo, 180.000 sobre 900.000 da 20%, y con el precio 20% más bajo el ciclo empata.

Cuando la cosecha cae, cae el ingreso, y cae también todo costo que se paga por unidad cosechada: la cosecha contratada por tonelada, el flete al acopio o al puerto, el secado, el almacenaje, la comisión de la venta, la regalía de tecnología por tonelada entregada. Nada de eso se gasta en grano que no llegó. En el ejemplo, 120.000 de los 720.000 acompañan el tamaño de la cosecha, y los otros 600.000 quedan iguales, salga lo que salga del lote.

Hecha la cuenta, la cosecha puede caer 23,1% antes de que el ciclo empate. En ese punto el ingreso, descontados los 120.000 de costo ligado a la cosecha, que se achican en la misma proporción, cubre justo los 600.000 que no cambian. Siempre que una parte del costo acompaña a la cosecha, la holgura de cosecha sale mayor que la de precio, en cualquier ciclo que cierra con ganancia.

Tres puntos parecen un detalle, pero muestran qué amenaza está más cerca. Un campo que cree que las dos holguras tienen el mismo tamaño va a tratar la seca y el derrumbe de precio como amenazas igual de cercanas. En cualquier campo que pague algo por tonelada, el precio es la más cercana.

Un presupuesto común, como el que arma el artículo del presupuesto del ciclo para calcular cuánto debería dejar un ciclo, muestra una sola holgura, que vale para precio y cosecha a la vez. Cuenta la cosecha y el flete como costo fijo al rendimiento esperado, y eso sirve para saber cuánto debería rendir el ciclo. Para saber cuánto puede caer el ciclo sin dar pérdida, hay que separar las dos holguras.

¿Qué líneas del costo caen con la cosecha, y cuáles ya están gastadas?

Esta parte es criterio propio, y ninguna calculadora la resuelve por usted. La división que importa no es la que usa el contador.

Fijo contra variable pregunta si el costo cambia con cuánto se siembra. Acá esa es la pregunta equivocada. Semilla, fertilizante y fitosanitario son costo variable en cualquier manual, pero ya están pagados cuando alguien descubre que el cultivo se perdió, y una cosecha corta no devuelve ni un centavo de ellos. En esta cuenta van con los costos que no cambian, al lado del arrendamiento y de la amortización.

La pregunta para cada costo es si depende de cuánto sale de verdad por la tranquera. Recorra las facturas del ciclo anterior y ubique cada línea de un lado o del otro:

Se mueve con la cosecha: cosecha contratada por tonelada, flete al acopio o al puerto, secado y zarandeo cobrados por camión, almacenaje pagado por unidad guardada, comisión de la venta, regalía o canon tecnológico por tonelada entregada, y el envase, el hilo o las bolsas que solo se usan en lo cosechado.

Ya está gastado: semilla, fertilizante, enmienda, fitosanitario, el combustible quemado antes de la cosecha, arrendamiento, amortización de maquinaria, sueldos, seguro, administración, intereses del crédito de campaña, y cosecha contratada por hectárea en lugar de por tonelada.

Dos líneas suelen generar discusión. La cosecha contratada es la primera, y su lado depende del contrato, no del trabajo: pagada por hectárea, ya está gastada; pagada por tonelada, se mueve con la cosecha. La segunda es la maquinaria propia. Pasar la cosechadora por un cultivo ralo gasta menos combustible y desgaste que por uno cargado, pero no proporcionalmente menos, porque la máquina cruza el lote entero igual. Ubique del lado que se mueve la parte que acompaña a la tonelada, deje el resto donde está, y escriba cómo lo decidió, porque dentro de un año nadie se va a acordar.

Equivocarse en esta división cuesta más para un lado que para el otro. Si deja en blanco el renglón de la calculadora para el costo ligado a la cosecha, ningún costo se trata como móvil: la holgura de cosecha vuelve a 20% en lugar de 23,1%, y el índice a 0,80 en lugar de 0,84. Ese error es chico y queda del lado seguro, porque subestima la holgura.

El error peligroso es exagerar la parte móvil. Declare los 720.000 enteros como costo que se mueve con la cosecha y la calculadora responde que la cosecha podría irse a cero y aun así empatar, porque en esa cuenta un cultivo que no existe no cuesta nada cosecharlo. El resultado está bien dentro de la fórmula y es absurdo en el campo, que es lo que devuelve cualquier fórmula cuando recibe un número que nadie revisó.

¿Qué no le dice un 20% de holgura?

Si 20% es mucho.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llama a estos tres números valores de conmutación en sus directrices para proyectos de inversión agrícola, y advierte que miden cuán sensible es el resultado y no cuán probable es la caída: hay que considerar dos dimensiones, la sensibilidad y la probabilidad.

Veinte por ciento de holgura quiere decir una cosa en un tambo que vende la leche con contrato anual y otra muy distinta en una soja que se vende en el disponible. El porcentaje es el mismo. Lo que separa a los dos campos es cuánto variaron sus propios precios y rendimientos en los años anteriores, y eso está en sus registros, no en el presupuesto.

Entonces el lado de la probabilidad tiene que salir de los registros del propio campo. Para la serie de precios y para la de rendimientos, calcule la variación típica, que es el desvío estándar dividido por el promedio; la calculadora la saca sola a partir de la lista de números de cada año. Después pregunte cuántas de esas variaciones entran en la holgura antes de que la ganancia llegue a cero. En el ejemplo, el precio varía 17,4% y el rendimiento 8,9%, y la holgura combinada absorbe 0,84 de una variación así en los dos a la vez. Ese número es el índice de resiliencia.

La calculadora lee el índice en tres franjas. Por debajo de uno es frágil: un año malo común en ese campo se lleva el margen. Entre uno y dos es ajustado: la pérdida queda dentro de lo que los registros ya mostraron. Por encima de dos es holgado: hace falta un año peor que cualquiera de los registros.

Antes de confiar en esa división, haga la cuenta que no necesita método alguno: cuente. En los ocho años de precios del ejemplo, de los siete cambios de un año al otro, cinco fueron caídas, y tres de esas pasaron el 15%. Dos de los ocho años cerraron más de 11,4% por debajo del promedio de la serie. Ese conteo no supone nada, y es lo primero que hay que escribir en la hoja.

El conteo también tiene límites. En ocho años, los años en que precio y cosecha cayeron juntos suelen ser cero o uno, y un cero solo quiere decir que faltan datos. El conteo tampoco mide tamaños: el año que pasó apenas la holgura cuenta igual que el que la pasó de largo. El índice usa los ocho años, junta precio y cosecha en una sola lectura y mide a qué distancia está la pérdida, no con qué frecuencia llega. Dividir la holgura por la variación es una elección de este artículo, no un estándar publicado, así que deje el conteo al lado del índice en la hoja.

¿Por qué precio y cosecha juntos dejan tan poca holgura?

La holgura combinada queda cerca de la mitad de cualquiera de las holguras aisladas, porque el ingreso es precio por cosecha, y las dos caídas se multiplican. Pierda un décimo del precio y un décimo de la cosecha y el ingreso cae 19%, ya que 0,9 por 0,9 da 0,81, mientras el costo que no cambia sigue entero y se come la diferencia. Con un margen de 20% y ningún costo que acompañe a la cosecha, una caída igual de 10,6% en los dos ya lleva al empate. Con el costo ligado a la cosecha del ejemplo, hace falta 11,4%.

La objeción de siempre es que precio y rendimiento no caen juntos, porque cosecha corta es cosecha cara. Eso vale para un país y muchas veces falla para un campo. El servicio de investigación económica del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos explica por qué: el rendimiento y el precio de un campo no tienen por qué estar relacionados, porque la producción de un establecimiento no mueve de forma perceptible el precio de mercado.

Esa compensación, que el mismo informe llama cobertura natural, funciona para quien está dentro de la región cuya cosecha forma el precio. Fuera de esas regiones, la cobertura natural es mucho más débil, y rendimiento bajo con precio bajo pasan a ocurrir al mismo tiempo con más frecuencia. El informe agrega que la variabilidad de rendimiento es mayor al nivel del campo que al del estado o al del país.

Las dos caídas también pueden tener causas separadas el mismo año: en Centroamérica, la cosecha de café de 2012 y 2013 enfrentó simultáneamente una reducción de precios y pérdidas de producción por la roya. El Consejo Agropecuario Centroamericano estimó la pérdida en 500 millones de dólares, equivalentes al 20% de la cosecha, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de las Naciones Unidas.

Así que la holgura combinada es el caso realista para quien está fuera del centro de su propio mercado, y el caso pesimista para quien está adentro.

Cuál vale para usted se puede revisar en sus registros. Ponga los años uno al lado del otro y mire los de peor cosecha. Si en ellos el precio estaba por encima del promedio, la compensación funciona para usted; si el precio también estaba bajo, no existe. En el ejemplo, los dos años de peor cosecha, con rendimientos de 49 y 55 contra un promedio de 59, fueron los dos de mejor precio, 115 y 130 contra un promedio de 98,5, y ahí la compensación funciona.

Un campo con el mismo presupuesto y con los años de cosecha mala pegados a los de precio malo no tiene compensación con la que contar, así que su 0,84 vale tal como está. Donde la compensación funciona, como en el ejemplo, el índice real queda un poco por encima de 0,84. Revise cuál es su caso antes de tomar el índice como veredicto, y escriba la respuesta.

¿Por qué la variación tiene que salir de los registros y no de la memoria?

Porque la variación que uno estima de memoria suele salir demasiado angosta, y la calculadora no distingue un número recordado de uno registrado.

Cuando la serie no está a mano, la calculadora acepta un porcentaje escrito a mano y avisa cuando usted lo usa. El aviso se apoya en un estudio de Cruz Júnior y colegas en la Revista de Economia e Sociologia Rural, una revista brasileña de economía agraria. En él, productores agropecuarios brasileños que siembran maíz repartieron su expectativa de precio entre rangos, y en la comparación estado por estado en todos los casos el desvío estándar obtenido de los cuestionarios fue menor que el histórico. Fue un solo cultivo en un solo país, pero la dirección del error es un motivo para usar el registro.

Una variación angosta no falla en silencio: cambia el veredicto. Escriba 12% para el precio y 8% para el rendimiento en lugar de los 17,4% y 8,9% de los registros del ejemplo, y el índice sube de 0,84 a 1,12, de frágil a ajustado. Nada cambió en el campo. Un número salió de los registros y el otro de la memoria.

Ocho años también son un registro corto. Zampieri y colegas, que armaron un indicador publicado de cuán estable es la producción agrícola, informan una incertidumbre de muestreo por debajo del 30% solo con treinta años o más de datos. También registran que los errores de muestreo mayores aparecen en series más cortas y en sistemas con fluctuación entre años mayor en relación al promedio de producción. Ocho años dan una medida gruesa, igual mucho mejor que ninguna, y esa imprecisión queda a la vista en el índice en lugar de esconderse.

Si solo puede reconstruir una serie, empiece por la de precios. Oliveira y colegas, en la Revista de Política Agrícola, una revista brasileña de política agraria, estudiaron tres sistemas de tambo en Piracanjuba, en el estado de Goiás, y encontraron que el precio de la leche y el rendimiento fueron las variables más relevantes para los indicadores de rentabilidad, y el precio resultó más significativo que el rendimiento; cubrió una región y una actividad, así que compárelo con su propia serie.

¿Qué no es este índice?

No es una probabilidad, y no es el único número de resiliencia que dan los mismos datos.

Corra la serie de rendimientos del ejemplo por el indicador que publicaron Zampieri y colegas y sale con puntaje alto, porque esa serie varía poco. Su indicador mide estabilidad y no mira dónde queda el punto de empate, así que un campo que pierde plata todos los años, con regularidad, igual podría salir bien. El índice de este artículo mide la distancia hasta el empate, contada en variaciones.

Cuatro cosas más que el índice no dice.

No da la probabilidad. Convertir 0,84 de una variación en porcentaje de pérdida exigiría suponer una forma para la distribución de precios y rendimientos, y la calculadora no supone ninguna. Por debajo de uno quiere decir que la distancia hasta la pérdida es menor que una variación común, y nada más preciso que eso.

No sabe si sus dos series se mueven juntas. La cuenta baja el precio y el rendimiento al mismo tiempo, cada uno en proporción a su propia variación. Para quien está fuera del centro del mercado ese es el peor caso real; para quien está adentro, un caso pesimista. Donde hay compensación de verdad, el índice real queda por encima del que da la calculadora.

Mide la caída desde el precio esperado, no desde su promedio histórico. Si el precio esperado está por encima del promedio de sus registros, parte de la holgura ya está gastada antes del primer día malo. Monte los ingresos sobre el precio que espera, no sobre el que le gustaría cobrar.

Y parte de un presupuesto, que es un conjunto de números que todavía no ocurrieron.

¿Qué cambia en cada franja?

Hay dos palancas, y saber cuál usa una decisión importa más que la decisión misma. O usted agranda la holgura, o achica la variación. Agrandar la holgura es agrandar el margen: costo menor, rendimiento mayor, mejor precio o una porción menor del costo de estructura cargada a este ciclo. Achicar la variación es que sus números se muevan menos: contrato, cobertura de precio, riego, escalonamiento de siembra, más de una fuente de ingreso. Muchos campos corren a la segunda palanca cuando el arreglo más barato está en la primera.

Las dos palancas tiran una contra la otra. Toda protección que achica la variación se paga con margen, y el margen es la holgura. Suponga que cerrar el precio de la mitad del volumen parte al medio la variación de precio y cuesta el 2% del ingreso esperado: la holgura se achica, la variación se achica más, y el índice sube de 0,84 a 1,19, de frágil a ajustado. La misma protección al 8% del ingreso da 0,83, por debajo del punto de partida, y el campo pagó para quedar peor. En este ejemplo el punto de quiebre queda cerca del 8% del ingreso, o el 40% del margen. Las cuentas son de este artículo, sobre el campo de ejemplo.

Por debajo de uno (frágil) no es un aviso de catástrofe. Quiere decir que un año común, de un tamaño que ya está en sus registros, termina este ciclo en cero o por debajo. Decida antes de la siembra, no después, y póngale precio a cada palanca. Agrandar la holgura: cuál es la mayor línea de costo, y qué haría falta para moverla lo suficiente como para subir el margen un tercio, que es más o menos lo que lleva el índice de este ejemplo por encima de uno. Achicar la variación: cuánto costaría fijar parte del precio, y si ese costo es menor que el margen que protege.

La calculadora de escenarios de precio y cobertura responde la segunda pregunta, y la calculadora de venta anticipada calcula cuánto cuesta la certeza; dos artículos explican cada cuenta, qué precio queda tras la cobertura y conviene cerrar el precio ahora. Un índice frágil sin respuesta en ninguna de las dos palancas es una decisión de cargar el riesgo, que solo se sostiene cuando alguien la tomó a propósito y la escribió.

Entre uno y dos (ajustado) quiere decir que la pérdida queda dentro de lo que sus registros ya mostraron, así que es probable que llegue un año que la alcance. Acá un gatillo escrito rinde, y sale de la holgura combinada, no de la holgura de precio. En el ejemplo, eso quiere decir actuar cuando el precio esté 11,4% por debajo del esperado, en lugar de esperar el 20%, porque el 20% supone que la cosecha viene como estaba planeada. Escriba el precio, la acción y el nombre de quien actúa.

Por encima de dos (holgado), la pregunta deja de ser sobrevivir al año y pasa a ser mantener la holgura. La holgura sigue de cerca al margen, y con variaciones como las del ejemplo quedar holgado es raro: en este mismo campo, un margen de 10% da un índice de 0,41, uno de 30% da 1,30, y solo un margen cerca del 45% llega a dos. Un ciclo holgado puede quedar ajustado después de un solo aumento de costo, así que el índice es una lectura con fecha, no una característica del campo.

El índice también alimenta la lista de riesgos del campo. Si usted le pone a cada riesgo un puntaje de impacto de 1 a 5, como explica el artículo de la lista de riesgos del campo, la caída de precio y la seca suelen ser dos líneas separadas. La holgura combinada convierte esos dos puntajes en plata: en el ejemplo, una caída de 15% solo en el precio deja el ciclo con 45.000 a favor, y la misma caída con una cosecha 10% menor lo deja 19.500 en rojo. Son 64.500 de diferencia entre dos líneas que una charla rápida habría puntuado igual.

Por dónde empezar

Una tarde, con las facturas del ciclo anterior, el registro de precios y el de rendimientos sobre la mesa. Lo que sale es una hoja fechada, con más cosas que los números que pide la calculadora.

Otros artículos sobre cómo medir el riesgo al que está expuesto el campo están en sustentabilidad y riesgo, y en gestión agropecuaria se ve cómo una lectura como esta entra en la gestión del campo entero.

Herramienta

La herramienta hace la cuenta y le deja el criterio a usted.

Carga sus números y el resultado se actualiza solo. Nada de lo que ingresa sale de su dispositivo.

Procedencia

Deriva de
  1. FAO Investment Centre, Guidelines for the Design of Agricultural Investment Projects, FAO Investment Centre Technical Paper 7, edicion revisada de 1995, version web de 2005
  2. Zampieri, Weissteiner, Grizzetti, Toreti, van den Berg y Dentener, Estimating resilience of crop production systems: From theory to practice, Science of the Total Environment 735:139378, 2020 (revisado por pares, acceso abierto, CC BY)
  3. Harwood, Heifner, Coble, Perry y Somwaru, Managing Risk in Farming: Concepts, Research, and Analysis, Agricultural Economic Report 774, Economic Research Service, Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, 1999
  4. Oliveira, Noronha, Figueiredo y Silva Junior, Estudo de viabilidade econômica e risco para sistemas de bovinocultura de leite em Piracanjuba, GO, Revista de Política Agrícola XVI(3), Embrapa, 2007
  5. Cruz Júnior, Irwin, Marques, Martines Filho y Bacchi, O excesso de confiança dos produtores de milho no Brasil e o uso de contratos futuros, Revista de Economia e Sociologia Rural 49(2):369-390, 2011 (revisado por pares, acceso abierto)
  6. Consejo Agropecuario Centroamericano y CEPAL, Gestion integral de riesgos y seguros agropecuarios en Centroamerica y la Republica Dominicana, Naciones Unidas CEPAL, 2013
Qué cubre este artículo
Calcular cuánto puede caer el precio antes de que el ciclo deje de cubrir sus costos, cuánto puede caer la cosecha y cuánto pueden caer los dos el mismo año; separar las líneas del costo que se achican con una cosecha menor de las que ya están gastadas; y comparar el resultado con cuánto variaron los precios y los rendimientos del propio campo en los años anteriores.
Qué no cubre
Pronosticar precio o clima, calcular el precio de un seguro o de una cobertura, o decirle si conviene sembrar. El índice de acá no es una probabilidad de pérdida, que exigiría suponer una distribución que la calculadora no supone. Cuántos meses aguanta la caja del campo si se corta el ingreso es otra pregunta, sobre la reserva de caja y no sobre el margen del ciclo.
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Cómo citar este artículo

Rurivia. (2026, 1 de septiembre). ¿Cuánto aguanta este ciclo antes de dar pérdida? https://rurivia.com/es/biblioteca/sustentabilidad/cuanto-aguanta-el-ciclo-antes-de-perder/


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