Para saber qué áreas de trabajo quedan por debajo del estándar, recorra cada una con una planilla en papel. Compare lo que ve con un estándar escrito, en lugar de confiar en que se ve bien. Use una sola planilla para todo el campo, con un renglón para cada lugar donde trabaja alguien. En cada renglón anote el estándar que ese lugar tiene que cumplir, lo que encontró en la recorrida, cuánto le falta, la fecha y quién lo va a arreglar y para cuándo. Con la planilla, el “se ve bien” pasa a ser una evaluación escrita, que otra persona puede revisar y que usted puede repetir el año que viene.
Un lugar por el que uno pasa todos los días termina pareciendo seguro justamente por eso. El taller, las protecciones de las máquinas y del cardán, el depósito de granos y de agroquímicos, los corrales y la manga, el agua para tomar y los baños en el lote: después de mil pasadas, nadie los mira de verdad.
La agricultura está entre los trabajos más peligrosos del mundo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia de la ONU para el trabajo, estima que al menos 210.000 trabajadores agrícolas mueren en accidentes cada año. Los estándares de seguridad para esos lugares ya existen. Lo que suele faltar es un registro escrito, lugar por lugar, de cómo está cada uno frente a su estándar.
¿Por qué escribir un estándar en lugar de confiar en que se ve bien?
Sin un estándar escrito, “está bien” es una opinión, y cambia según quién mire.
Mohammad Mohammadrezaei y colegas, de Teagasc, el organismo de desarrollo agrícola y alimentario de Irlanda, estudiaron cómo la costumbre y la experiencia cambian la percepción del riesgo en el campo. Publicaron el trabajo en 2023 en la revista Frontiers in Public Health. Según los estudios anteriores que ellos revisan, hay productores agropecuarios que saben nombrar el peligro de una tarea y, aun así, ven una menor probabilidad de que ocurra un incidente porque conocen la hacienda o tienen experiencia en manejar la maquinaria.
En su propia encuesta a estudiantes de ciencias agrarias, en su mayoría de familias de productores agropecuarios, cerca de la mitad calificó como bajo su propio riesgo de lastimarse en el campo.
El estudio se hizo con estudiantes, no con productores agropecuarios ni con personal de campo, pero apunta en el mismo sentido: quien se acostumbra a un lugar lo siente seguro. Con un estándar escrito, usted tiene algo para comparar que no es esa sensación. La protección está puesta y funciona, o no.
Un estándar escrito también hace que la evaluación salga casi igual, la haga quien la haga. Kayla Faust y colegas, de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos, lo probaron en 52 establecimientos agrícolas de Iowa y publicaron el resultado en el Journal of Agricultural Safety and Health. En su lista de peligros, cada ítem recibe uno de cuatro niveles: conforme, requiere una mejora mínima, requiere una mejora sustancial y no conforme. Dos investigadores entrenados en la lista, lo que según los autores lleva unas tres horas, recorrieron los mismos campos, calificaron cada ítem por separado y llegaron al mismo nivel en casi todos.
Ese acuerdo vino de un manual con la definición y fotos de cada nivel. En su planilla, escriba en una o dos líneas qué quiere decir cada nivel en su campo, para que quien recorra el lugar después de usted tenga más chances de calificarlo igual.
¿Con qué estándar compara cada área?
El estándar es la exigencia que usted decide que cada lugar tiene que cumplir, y en cada renglón anota cuál es. Puede ser el mínimo legal, la exigencia de un comprador o de una certificadora, la especificación del fabricante para una protección o un equipo, o una exigencia más alta que fija usted. Con el origen anotado en el renglón, si alguien no está de acuerdo con una calificación más adelante, se discute lo que se encontró y no qué regla vale.
El Convenio sobre la seguridad y la salud en la agricultura, de la OIT, un tratado que cada país decide si ratifica, pide que los países obliguen al empleador a realizar evaluaciones de riesgo apropiadas. Después, el empleador tiene que asegurar que los lugares de trabajo, la maquinaria, las herramientas y los procesos sean seguros y cumplan con las normas de seguridad y salud prescritas, es decir, las normas que fija la ley de cada país.
Haya ratificado o no su país el Convenio, en su campo rigen las normas de su país. En la Argentina, es el Decreto 617/97, que aprobó el Reglamento de Higiene y Seguridad para la Actividad Agraria. Ese reglamento fija las condiciones de higiene y seguridad que deberán reunir los lugares de trabajo, maquinaria, herramientas y demás elementos. En Uruguay y en Paraguay rige la norma de cada país, que se puede consultar en su Ministerio de Trabajo. Sea cual sea la que corresponde a su campo, anote su nombre en el renglón y compare el lugar con ella.
¿Qué áreas van en la planilla?
Todo lugar donde alguien trabaja o se puede lastimar. Anote lugares, no tareas: escriba “silo” o “taller”, no “cargar grano” o “soldar”, porque en la recorrida uno camina por lugares. Dele a cada lugar su propio renglón, en lugar de juntar todo en uno solo llamado “el galpón”.
Las listas de seguridad en el campo se arman de la misma forma. La revisión de Certified Safe Farm, un programa de certificación de seguridad en establecimientos de Estados Unidos descrito en el mismo estudio, cubre equipos, instalaciones para la hacienda, depósitos y otras construcciones, y el ambiente de trabajo a cielo abierto.
Lo básico que su gente necesita durante la jornada lleva un renglón para cada cosa: agua para tomar, baño, una pileta para lavarse las manos y un lugar para comer y descansar. Son cosas fáciles de pasar por alto: cuando se rompe una máquina, el trabajo se detiene y todos lo ven, pero un bidón de agua vacío o un baño sucio pueden quedar así días sin que nadie avise. El Convenio de la OIT también pide a cada país que exija lo que llama instalaciones de bienestar adecuadas, sin costo para el trabajador.
¿Cuánto queda cada lugar por debajo del estándar, y por qué no toda falla lleva el mismo plazo?
Un lugar no se aprueba o se reprueba sin más. Lo que importa es cuánto queda por debajo del estándar, y cuanto más abajo, más pronto hay que arreglarlo. Por eso la lista de Iowa tiene cuatro niveles y no dos: los dos del medio son fallas de distinto tamaño, y “no conforme” quiere decir que el lugar no cumple el estándar en absoluto.
Use los mismos cuatro niveles en su planilla y decida el plazo de cada falla según el nivel. Si la falla puede lastimar a alguien hoy, como una protección sacada o la cuadrilla sin agua para tomar con calor, frene ese trabajo en el momento. Una falla menor, como un cartel de aviso borrado o un pasamanos que falta colocar, recibe una fecha en el almanaque.
Hay fallas que se esconden en cosas que están pero no funcionan. El Convenio también pide que cada país exija que la maquinaria esté instalada, mantenida y protegida adecuadamente. Por eso, fíjese si la protección funciona, no si está. Una protección atornillada y después anulada, una baranda dejada floja, una pileta sin agua: de lejos, cada una parece en orden, y en la recorrida es una falla.
Decidir cómo arreglar una falla puede esperar; frenar un trabajo peligroso, no. El Convenio pide al empleador tomar medidas inmediatas para detener cualquier operación cuando haya un peligro inminente y grave. Si tiene gerente o encargado, frenar ese trabajo tendría que ser una de las decisiones que puede tomar sin esperarlo a usted. En la guía sobre qué decide el gerente por su cuenta encuentra cómo dejarlo por escrito.
¿Cuándo la planilla deja de coincidir con lo que hay en el campo?
Cuando se llena en la oficina y no en la recorrida. Si anota “pileta: sí” desde el escritorio, solo sabe que el campo tiene una pileta, no que tiene agua, jabón y toalla hoy. En el estudio de Iowa, el productor agropecuario guió a los investigadores en un recorrido por el establecimiento, y cada ítem se calificó por lo que ellos vieron en el lugar.
La planilla también envejece rápido. Una protección se saca para un arreglo y nadie la vuelve a poner, se apilan cajas delante de la puerta de un galpón, meses de lluvia pudren un escalón. El renglón que estaba conforme en la siembra puede estar mal en la cosecha. Por eso la fecha de la recorrida y la fecha de la próxima van en la planilla.
Fijar un estándar, comparar con él, corregir lo que falta y volver a revisar es un ciclo que sirve también para otras partes de la gestión agropecuaria, como el mantenimiento de la maquinaria. Para otras herramientas escritas para trabajar con su personal, como las bandas salariales, vea la sección de personas de la biblioteca.
Por dónde empezar
Necesita una tabla con broche, una lapicera y una mañana. Los investigadores de Iowa informan que su lista se puede completar en 1,5 a 2 horas en cada establecimiento. Su primera recorrida puede llevar más tiempo; si el campo es extendido, recorra una parte por vez, en varias mañanas.
La persona que anota en cada renglón responde por el arreglo, aunque el trabajo lo haga otro. En general es quien ocupa el puesto de trabajo a cargo de ese lugar, como el mecánico en el taller o el encargado de la hacienda en los corrales. Si ya escribió qué le corresponde a cada puesto, como se explica en la guía la responsabilidad de cada puesto, ya sabe qué puesto cubre cada lugar: anote el nombre de quien lo ocupa. Si todavía no, decida en la misma planilla qué puesto responde por cada lugar.
Saltear la planilla parece ahorrar una mañana, pero solo pasa el costo al día en que algo sale mal. Ese día, nadie sabe decir cuál era el estándar, cuándo se revisó el lugar por última vez ni quién lo iba a arreglar.