Antes de que cada carga de grano salga del campo, contrólela, anote lo que encontró, y feche y firme la hoja. Cuando llegue el descuento del comprador, con esa hoja usted separa el problema que salió del campo del que empezó en la ruta. Sin ella, la primera lectura de la calidad es la del comprador, hecha después del viaje, y el descuento sale solo de esa lectura.
La liquidación llega más baja de lo que esperaba, con descuentos por humedad, materia extraña y granos dañados. La carga salió sin que nadie la controlara en el campo, así que usted no tiene nada escrito sobre cómo estaba al cargar para comparar con los números del comprador. Ya no se puede saber si la pérdida empezó en el campo, en el camión o en el muestreo del comprador, y no tiene nada en papel para discutir el descuento.
Lo que usted llena es una hoja de control de calidad, antes del despacho, con la fecha, el nombre de quien controló y lo que encontró. Los rubros son los que se pueden controlar en el campo: humedad, materia extraña, granos dañados, y el olor y el calor del grano. Al final tiene un registro escrito de cómo salió la carga, en un día cierto, firmado por una persona con nombre. Guardadas carga tras carga, esas lecturas también se vuelven el número propio de calidad del campo, y otro artículo de esta biblioteca trata de cómo comparar ese número con una referencia publicada, para ver si el grano mejora o empeora.
¿Por qué la hoja lista rubros en vez de una impresión general?
El comprador no clasifica “grano bueno”: clasifica una lista corta de rubros con nombre, cada uno medido. La University of Minnesota Extension, el servicio de extensión de esa universidad estadounidense, explica que el grado oficial de los Estados Unidos, definido por el Federal Grain Inspection Service, se apoya en peso hectolítrico, presencia de materia extraña y granos dañados o chuzos. La humedad es una prueba más aprobada por el mismo servicio.
El estándar escrito de su comprador se apoya en rubros como esos, y cómo conseguirlo por escrito es tema de otro artículo de acá, el estándar de clasificación del comprador. Antes de cargar el camión, usted puede ver materia extraña y daño a ojo, medir la humedad con su propio medidor y el peso hectolítrico, si tiene la balanza para eso.
Su hoja no necesita el laboratorio del comprador. Necesita los rubros que usted controla en el campo, anotados como los encontró.
¿Por qué la carga que llega no es la carga que salió?
El grano se quiebra cada vez que cae, dentro y fuera del campo. Shahbazi y Shahbazi, dos investigadores que midieron la quiebra del maíz en el manipuleo, vieron que el 13,80 por ciento del maíz se quebró en caída libre, contra el 7,26 por ciento bajado por una escalera de descenso cerrada, un conducto con deflectores que frena la caída. La quiebra también subía con la altura de cada caída. La carga cae de la cosechadora a la tolva, de la tolva al silo, del silo al camión y otra vez a la fosa del comprador, y las últimas caídas pasan después de que usted controló.
El estado del grano también cambia en la ruta. Investigadores que midieron maíz durante el transporte, con sensores dentro de la carga, registraron en una carga con 16 por ciento de humedad humedad relativa superior a 86 por ciento en el aire entre los granos, una humedad de equilibrio (la que el grano alcanzaría en equilibrio con ese aire) subiendo a 20 por ciento y pérdida de materia seca cerca de 0,06 por ciento en veinte horas. El estudio mide el aire entre los granos, no la humedad del grano mismo, y la carga con 12 por ciento no perdió materia seca.
Un número malo en la balanza del comprador puede nacer en el campo, en el camión o en el muestreo del comprador, y con la lectura del comprador sola usted no sabe cuál fue.
¿Qué va en el registro, y por qué importan la fecha y la firma?
En la hoja usted fija cómo estaba la carga en el momento en que salió, y alcanzan unos pocos renglones fijos. Las plantillas de registro de la University of Maryland Extension, hechas para frutas y hortalizas frescas y no para grano, traen en cada hoja qué se hizo, cuándo, y un lugar para que quien ejecuta firme o ponga sus iniciales y para que el supervisor firme en la revisión.
Con esa hoja, “la carga parecía buena” se vuelve algo que usted puede sacar del cajón y mostrar meses después. Con la lectura usted muestra cómo estaba la carga, y con la fecha, cuándo. Con el nombre y la firma de quien controló, usted muestra quién responde por ella y que el control se hizo ese día y no se reconstruyó de memoria.
Venda donde venda, busque esos mismos renglones en cualquier registro que el comprador, la norma sanitaria o una certificadora ya le pidan firmar. Si el establecimiento apunta a un sello de certificación, lo que el sello pide documentar, otro artículo de acá, trae la lista de registros que pide la certificadora, para que vea cuáles ya tiene antes de pagar la auditoría.
¿Qué resuelve controlar al cargar, y qué no?
Controlar al cargar le permite repartir un mal resultado entre el campo y el viaje, y nada más. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en sus directrices para medir pérdidas poscosecha, recomienda esa doble lectura en trayectos largos: pueden tomarse muestras de grano en la carga y en la descarga, y examinarlas después para ver cambios de humedad y daño de calidad durante el transporte. Si controla el grano al cargarlo, puede separar lo que salió del campo de lo que hizo el viaje; si se saltea ese paso, el número del comprador es el único que hay.
El control no arregla un grano malo: mejorar el grano es trabajo de producción, fuera de lo que cubre este artículo. Cuando la clasificación del comprador venga claramente peor de lo que usted anotó al cargar, lleve la hoja y esa diferencia al comprador. Después escriba la decisión siguiente, aceptar el descuento, discutirlo o cambiar cómo se carga y se transporta el grano, con fecha y nombre, para que no dependa de la memoria de nadie. Si el comprador rechaza la carga o la descuenta de entrada, anote el caso en una lista aparte; el registro de rechazos, otro artículo de esta biblioteca, trata de cómo llevar esa lista y ver los problemas que se repiten.
Por dónde empezar
Media hora en el punto de carga, con la última liquidación de ese comprador, para ver en qué rubros le descontó, y una lectura de humedad de la carga del día.
Una carga que sale sin control se lleva el descuento igual; la diferencia es que usted no tiene nada para oponerle, salvo el número del comprador, tomado después de un viaje que cambió el grano. La hoja no mejora el grano. Con ella, el día en que salió la carga se vuelve un hecho escrito, la única parte de la historia que el comprador no puede contar, porque nunca vio salir la carga. Anotar lo que se controló, con fecha y nombre, es un hábito que sirve en toda la gestión del establecimiento, tema de la página sobre gestión de establecimientos. Los otros artículos sobre la venta están en la sección de comercialización de esta biblioteca.