Sume todo lo que una actividad cuesta en el ciclo, divida ese total por el precio que espera cobrar y tiene cuánto debe vender para dejar de perder plata: su cantidad de equilibrio. Divida el mismo total por la producción esperada y tiene su precio de equilibrio. La diferencia entre la producción y la cantidad de equilibrio es el margen de seguridad, cuánto puede caer la venta antes de que empiece la pérdida. En un estudio de Embrapa sobre cebolla bajo riego, el equilibrio fue de 13.262 kilos contra 20.000 esperados, así que la venta podía caer cerca de un tercio antes de que empezara la pérdida.
El servicio de extensión de la Colorado State University, que asesora a productores agropecuarios en Estados Unidos, describe el punto de equilibrio como el volumen de producción, a un precio dado, necesario para cubrir todos los costos.
Los tres números van en una hoja por actividad, con el precio y el rinde que supuso anotados al lado y la fecha arriba.
A mitad del ciclo, una seca le recorta un quinto a la estimación de rinde del maíz, y la pregunta en la mesa de la cocina es si el cultivo todavía cubre lo que costó. Si el margen de seguridad anotado en la hoja supera el 20 por ciento, lo cubre, al precio que esperaba; si queda por debajo, no. Sin los costos sumados en un solo total, nadie en la mesa puede contestar. Esa respuesta dice si el ciclo cierra con pérdida; si todavía conviene gastar lo que falta, como la cosecha y el flete, es otra pregunta, con otra cuenta, que viene en la sección siguiente.
¿Qué entra en el total, y por qué un número solo?
El total es todo lo que la actividad gastó o va a gastar en el ciclo: el arrendamiento, los insumos, la mano de obra, la cosecha, el flete y la parte de las máquinas. Embrapa, el instituto público de investigación agropecuaria de Brasil, costeó así un cultivo de cebolla bajo riego y define el costo total como la suma de todos los gastos de la actividad, sin separar los costos fijos de los que se mueven con el volumen.
Cuando el contador separa los costos fijos de los que crecen con el volumen, el punto de equilibrio que obtiene supone que parte del gasto baja si se produce menos. Con la mayor parte de la plata ya gastada y el cultivo en el lote, poco de ese gasto puede bajar todavía, y el total entero dice si el ciclo cierra con pérdida, el número que sirve para decidir la próxima siembra. Antes de comprometerse con un plan, la misma división, con la producción que espera, da una primera respuesta.
Si conviene seguir con el cultivo después de la seca es otra cuenta, porque lo que ya se gastó no vuelve, se coseche o no. El servicio de extensión de Texas A&M, en Estados Unidos, trata lo gastado en sembrar y conducir el cultivo como costo que ya salió y no se recupera, y que por eso no debe pesar en la decisión de cosechar, y manda cosechar solo cuando el ingreso del lote supera el costo de cosecha. La cuenta compara el ingreso que todavía va a entrar con lo que falta gastar y deja de salir si usted no cosecha, como la cosecha y el flete; la amortización de las máquinas corre igual y queda afuera.
Un costo que sirve a dos actividades, como el tractor o la administración, hay que repartirlo entre ellas antes de que entre en cualquier total, y el reparto se sostiene mejor cuando el criterio se escribe antes de ver los resultados; cómo escribir el criterio de prorrateo antes de ver los números es tema de otro artículo. La parte de las máquinas es la amortización, que depende de cuántos años espera que dure cada máquina, cuenta que se explica en cuántos años debe durar la máquina.
¿Cuánto de su producción tiene que vender?
Divida el total por el precio unitario. Con la calculadora de punto de equilibrio hace esta división y la de la sección siguiente de una vez. El manual de estadísticas de costos de producción de la FAO, la agencia de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, llama al resultado rendimiento de equilibrio: costos totales sobre el precio proyectado igual a unidades producidas, el rinde mínimo requerido para cubrir todos los costos.
El estudio de Embrapa sobre la cebolla hace la misma división en un cultivo real. Con un costo total de unos 9.018,70 reales por hectárea (el real es la moneda de Brasil, y la moneda no cambia la división) y un precio de 0,68 reales el kilo, el equilibrio queda en unos 13.262 kilos por hectárea, lo que hay que vender antes de que el ingreso alcance al costo. En la calculadora la fracción se redondea hacia arriba, a 13.263, porque vender 13.262 dejaría un resto del costo sin cubrir. El estudio esperaba 20.000 kilos por hectárea, así que el cultivo supera su cantidad de equilibrio con holgura.
¿A qué precio se paga a sí misma?
Divida el mismo total por la producción en lugar del precio. El manual de la FAO llama al resultado precio de equilibrio para cubrir los costos totales, los costos totales divididos por el rinde esperado, en moneda por unidad producida, y la Colorado State lo define como el precio necesario, a un nivel dado de producción, para cubrir todos los costos.
En la cebolla, 9.018,70 reales divididos por 20.000 kilos dan unos 0,45 reales el kilo. Es el mismo total que la cantidad de equilibrio, leído al revés: cuánto vender al precio que espera, o a qué precio vender con la producción que espera. En la cría, la unidad es el ternero destetado, y un estudio revisado por pares sobre sistemas de cría en Rio Grande do Sul, en el sur de Brasil, calculó el costo por ternero como el costo total dividido por el número de terneros destetados.
El precio de equilibrio de este artículo sale de un solo total de costos. Cuando llama un comprador con una oferta, puede servir tener dos pisos: uno que cubre solo la plata gastada en el cultivo y otro que cubre todos los costos, incluida la tierra. Otro artículo de este sitio, el precio más bajo aceptable, muestra cómo calcular los dos antes de contestar.
¿Cuánto puede caer la venta antes de que empiece la pérdida?
La respuesta es el margen de seguridad: la diferencia entre lo que la actividad produce y su cantidad de equilibrio, como porcentaje de la producción. Un estudio de Embrapa sobre un establecimiento familiar en una zona de riego de la misma región lo define como cuánto puede caer la venta antes de que empiece la pérdida. En la cebolla, 20.000 kilos menos el equilibrio de 13.262, divididos por 20.000, dan alrededor del 34 por ciento: la cantidad vendida podría caer cerca de un tercio antes de que el cultivo deje de pagarse.
Cálculo de Rurivia a partir de la cantidad de equilibrio y la producción esperada del estudio de Embrapa sobre la cebolla: (20.000 − 13.262) ÷ 20.000 ≈ 34 por ciento.
Con un margen chico, un error pequeño alcanza para la pérdida: un precio apenas más bajo sube la cantidad de equilibrio; un rinde apenas por debajo de lo estimado achica el margen, porque es la producción, y no la cantidad de equilibrio, la que cae. Frente a la seca que se llevó un quinto del maíz, un margen del 34 por ciento aguanta y uno del 10 por ciento no. Conviene saberlo antes de meter la plata en el ciclo, no después de la cosecha.
¿Qué no promete este número?
No promete que el precio y el rinde por los que dividió se cumplan, y son los dos números más inciertos de la hoja. Un estudio de riesgo de tres sistemas de tambo en Piracanjuba, Goiás, en el centro de Brasil, encontró que, de todas las variables que movió, las dos que más corrieron el resultado fueron el precio de venta y el rinde. Un rinde optimista baja el equilibrio en el papel y no agrega un kilo al silo, y el estudio de la cebolla trata el rinde que usó como un promedio.
La Colorado State advierte sobre la tendencia a seguir usando un punto de equilibrio después de que ya cambiaron las funciones de costo e ingreso, y por eso la hoja se fecha y se rehace cada ciclo. La hoja trata una actividad por vez y no es el plan del establecimiento entero; cada línea de costo que entra en el total se calcula en los artículos de finanzas de la biblioteca.
Por dónde empezar
Una tarde, con los comprobantes del último ciclo sobre la mesa y una actividad elegida. Haga las dos divisiones y el margen de esa actividad antes de pasar a la siguiente.
Con la hoja fechada y el precio y el rinde anotados abajo, quien la retome el año siguiente, sea el productor agropecuario, el administrador o el asesor, puede ver qué número cambió: el costo, el precio o el rinde. El mismo hábito, un número escrito antes del ciclo y revisado después, recorre toda la gestión agropecuaria, mucho más allá de los costos.