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Diagnóstico
Punto de Partida

Paso 0: Diga qué quiere del campo

El paso cero de la gestión del campo: convierta sus objetivos en metas verificables, con número y fecha. El método SMART en la voz del productor agropecuario.

Actualizado el 8 min
En este artículo

Usted hoy

Se levanta y lleva el campo en piloto automático. Hace lo que siempre hizo, atiende lo que aparece, apaga el incendio del día. Si alguien le preguntara, ahora mismo, qué quiere que el campo sea para usted dentro de tres años, la respuesta sale vaga: “andar bien”, “mejorar”, “no pasar apreturas”. Es una dirección sentida, no algo que después se pueda verificar. Y acá empieza la gestión, porque no hay buena decisión sin un destino.

Por qué existe este paso

La gestión es conseguir lo que usted quiere con lo que tiene. Fíjese en el arranque de la frase: lo que usted quiere. Sin eso escrito, ninguna decisión es buena ni mala, porque no hay vara para juzgarla. Vender temprano es acierto para quien quiere dormir tranquilo y error para quien quiere sacarle hasta el último centavo al precio. Comprar más tierra es acierto para quien quiere crecer y peso muerto para quien quiere aire. La misma decisión cambia de valor según el destino, y el destino es suyo.

Y el destino casi nunca es solo la plata. En una encuesta de 2008 para el gobierno británico (Defra), el 93% de los productores agropecuarios dijo que valora de verdad la forma de vida del campo, y el 79% coincidió en que la actividad también es maximizar la ganancia. Las dos cosas conviven en la misma persona; lo que cambia de un productor agropecuario a otro es el orden entre ellas. Por eso este paso no le entrega un objetivo hecho: lo hace declarar el suyo, y ponerlo en orden.

Este es el Paso 0, y no el Paso 1, porque no depende de ningún dato del campo. Puede hacerlo hoy, en la mesa de la cocina, antes de registrar una sola operación. Es la brújula de los otros seis pasos.

Una meta no es un sueño

Acá está la parte que casi todos saltean. “Quiero calidad de vida” es un sueño, una dirección. No es una meta. La prueba es simple: dentro de un año, ¿cómo va a saber si lo consiguió? La calidad de vida, dicha así, no se puede verificar. Un sueño marca el rumbo; una meta es el sueño convertido en algo que usted puede mirar y decir “llegué” o “no llegué”, sin discusión.

El trabajo de este paso es esa traducción. Usted parte de sus sueños, que son legítimos y van primero, y convierte el más importante en una meta que se puede verificar. La herramienta para eso tiene un nombre y entra en el reverso de una hoja: la meta SMART.

Cómo hacerlo: la meta SMART, y por qué importa cada parte

SMART son cinco exigencias que separan una meta de un sueño. La palabra es una sigla en inglés, y cada letra es una de las cinco exigencias; por eso el término en inglés va entre paréntesis al lado de cada una. Una meta que falla en cualquiera de ellas vuelve a ser sueño. Vamos una por una, cada una con su porqué, porque es el porqué lo que evita que usted saltee alguna.

Específica (Specific). Diga exactamente qué, no “mejorar el campo”. “Mejorar” entra en cualquier cosa y no obliga a nada. Cámbielo por algo con borde: “saber cuánto me cuesta producir mi unidad” (el quintal, la cabeza, el litro), o “tener un colchón de caja que me saque de una venta a las apuradas”. Por qué: una meta vaga no le dice qué hacer mañana a la mañana; una específica ya señala el primer movimiento.

Medible (Measurable). Ponga un número o un hecho que pueda verificar. Es la exigencia que más falta, y la que convierte un sueño en meta. “Calidad de vida” no se verifica; “un domingo libre por semana y dos semanas fuera del campo por año” se verifica en el calendario. Por qué: sin una medida, nunca sabe si llegó, y un destino del que no puede confirmar la llegada no orienta ninguna decisión.

Alcanzable (Achievable). La meta tiene que entrar en lo que usted tiene hoy, o en lo que se puede construir en el plazo. Si no se toma un solo día libre, apuntar a dos meses de vacaciones el año que viene solo lo prepara para abandonar en marzo. Empiece por un domingo al mes y suba la vara después. Por qué: una meta fuera de alcance no motiva, desanima, y una meta que desanima es peor que ninguna meta.

Relevante (Relevant). La meta tiene que servir a lo que de verdad le importa, lo primero de su lista. De nada sirve una meta prolija de crecimiento si lo que más quiere es tiempo con la familia. Por qué: la energía escasea en el campo, y gastarla en una meta que no es la suya es el desperdicio más silencioso de toda la gestión.

Con plazo (Time-bound). Póngale una fecha. “Algún día” no presiona a nadie. “Para el fin de la próxima campaña” (la próxima cosecha, o la próxima tanda de animales terminada) pone la meta en el tiempo. Por qué: sin plazo, la meta queda siempre para después, y el después no llega.

Un ejemplo, del sueño a la meta

Sueño: “quiero más tranquilidad financiera.” Se convierte en meta así: “quiero terminar la próxima campaña con plata en caja suficiente para cubrir tres meses de gastos del campo, para no tener que vender al peor precio solo porque venció una cuenta.” Específica (un colchón de caja), medible (tres meses de gastos), alcanzable (usted la dimensiona a su realidad), relevante (es la tranquilidad que pidió) y con plazo (la próxima campaña). Ahora es una meta: a una campaña de acá usted mira la caja y sabe si llegó.

Por qué tener disciplina, y volver

Una meta escrita y olvidada en un cajón no cambia nada. Solo funciona si usted vuelve a ella. En este recorrido, su objetivo no se queda en el Paso 0: vuelve en el Paso 3, cuando arma el plan de la próxima campaña, porque el plan existe para servir a la meta, y vuelve en el Paso 6, cuando compara lo que pasó con lo que quería y ve si fue en la dirección correcta. Escribir la meta es el comienzo; volver a ella cada campaña es lo que la mantiene viva. Una vez al año, relea su lista: lo que importaba puede haber cambiado, y cambiarlo está bien, siempre que usted sepa que cambió.

Los cinco rumbos, para poner en orden

Antes de la meta SMART viene la brújula: qué le importa, en orden. Cinco rumbos cubren a casi todo productor agropecuario. No hay un orden correcto; hay el suyo.

  • Los ingresos de la familia. Lo que el campo tiene que generar para sostener a quienes dependen de él.
  • Tiempo y calidad de vida. Descanso, salud, estar en casa. En la encuesta británica de 2008, la forma de vida se valoró más que la ganancia.
  • Continuidad y sucesión. Dejar el campo en pie para quien viene después, y preparar a quien va a tomar la posta.
  • Crecimiento. Más superficie, más actividad, más producción.
  • Protección ante un golpe. Aguantar un año malo de clima o de precio sin perderlo todo.

Ordene los cinco, de lo que más importa a lo que menos importa. Ese orden es lo que va a desempatar sus decisiones en los próximos pasos.

Errores comunes, y cómo evitarlos

  • Quedarse en el sueño. Escribir “quiero andar bien” y creer que definió un objetivo. Traduzca siempre en algo verificable, con un número y una fecha.
  • Demasiadas metas a la vez. Cinco metas al mismo tiempo son ninguna. Elija una o dos de lo más alto de la lista para la próxima campaña.
  • Apuntar a lo que no controla. “Quiero que suba el precio” o “quiero un año sin sequía” no son metas, son deseos. Apunte a lo que está en su mano: el colchón de caja, los registros al día, la decisión tomada a tiempo.
  • Una meta sin fecha. Sin plazo, nunca arranca. Póngale una campaña, un año.
  • Una meta que solo entiende usted. Si no puede explicarle la meta a otra persona de un modo que le permita decir si usted llegó, la meta todavía está vaga.

Por dónde empezar

Tome una hoja. Escriba los cinco rumbos y póngalos en orden, de lo que más importa a lo que menos importa. Después mire el primero y hágase una sola pregunta: “¿cómo sabría, a una campaña de acá, que llegué?” La respuesta a eso, con un número y una fecha, es su primera meta SMART. Con una alcanza para empezar.

Listo cuando

Usted tiene, por escrito: los cinco rumbos en orden de prioridad, y al menos el primero convertido en una meta SMART, con un número que se puede verificar y una fecha. La prueba final es esta: si le pasara esa hoja a un desconocido, ¿podría decir, en el plazo, si usted llegó o no? Si pudiera, tiene una meta. Si no, todavía es un sueño, y vale un poco más de trabajo acá mismo.

Qué no cubre este paso

Acá usted declara qué quiere, no cómo llegar; el camino es el resto del recorrido, del Paso 1 al Paso 6. Y definir su propio objetivo es una decisión suya, de dueño: no es asesoramiento financiero ni jurídico, que, si su caso lo pide, es asunto de un profesional habilitado.